“Contento, Señor, contento”.

Prof. Mg © Ricardo Ramírez Basualdo.

Profesor de filosofía y religión Colegio Sagrada Familia.

Hoy en tiempos difíciles para la Iglesia, en especial para Chile, es bueno recordar aquel que marcó el camino para seguir a Jesucristo en medio de la realidad Chilena: Alberto Hurtado Cruchaga. Quien mostró a Cristo desde el sacerdocio, la pedagogía, el derecho, el mundo obrero, el mundo social pero, sobre todo, desde el mundo de los pobres y desde el amor cristiano. En su honor, el  mes de agosto está marcado para los chilenos por la solidaridad, valor que encarnó San Alberto Hurtado durante toda su vida.

San Juan Pablo II en la Misa que beatificó a este jesuita Chileno, lo presentó como un “Hijo glorioso del continente americano, […]  aparece hoy como signo preclaro de la nueva evangelización, «una visita de Dios a la patria chilena». (1994) Una visita de Dios a nuestra patria, que vale la pena recordar en nuestro tiempo, donde hemos dejado de lado la presencia de Dios en nuestras vidas. El mismo Padre Hurtado lo decía: “Dios está ausente, expulsado del corazón mismo de la vida. La sociedad se ha encerrado en este rechazo de Dios y su ausencia la hace morir”. (Hurtado, A.) En estas letras vemos cómo Alberto fue un apóstol y un profeta de su tiempo, sabiendo con precisión, cuál era el problema moral de la sociedad que le tocó vivir y que hoy sigue siendo la raíz de la crisis que vive la Iglesia, pero que nos invita a retornar a lo esencial de nuestra fe: Jesucristo.

Benedicto XVI, nuestro Papa Emérito, en octubre de 2005 ante miles de chilenos que llenaron la plaza de San Pedro en el Vaticano, canonizó a este sacerdote chileno. Su Santidad en aquella ocasión resumió la vida de Hurtado diciendo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 37. 39). Este sería el programa de vida de san Alberto Hurtado, que quiso identificarse con el Señor y amar con su mismo amor a los pobres” (Benedicto XVI, 2005). Los pobres para Alberto eran sus “patroncitos”, porque Cristo era su patrón y en ellos lo veía presente. Alberto vivió el apostolado cristiano dando su vida por los más necesitados, haciéndose la pregunta que marcó su ministerio y que nos dejara a nuestra patria: “¿qué haría Cristo en mi lugar?”. Pregunta que podríamos hacernos cada vez que tengamos algún conflicto familiar, laborar, ante el sufrimiento, la enfermedad, etc..

El Padre Hurtado se preguntaba “”¿Qué sentido tiene la vida? ¿Para qué está el hombre en este mundo?” y su respuesta era el amor, estamos en el mundo por el amor y para el amor, así lo explicaba con sus palabras: “El hombre está en el mundo porque Alguien lo amó: Dios. El hombre está en este mundo para amar y para ser amado” (Hurtado, A).  Alberto Hurtado nos mostró el camino para seguir a Cristo, intentó en todos sus gestos, acciones, palabras y trabajo de apóstol ser otro Cristo, para irradiar a Cristo a los demás. Alberto derramó su vida en las calles de Santiago con su presencia en medio de los pobres, también se entregó en las manos de Cristo con la dolorosa enfermedad que le tocó vivir y sufrir. Entre tanto dolor y cercano a la muerte enseñó la esperanza cristiana manifestando: “contento, Señor, contento”. Durante este mes de agosto sería bueno reflexionar con Alberto Hurtado: ¿Será capaz la Iglesia Chilena de entregar nuevos Albertos Hurtados al Chile de hoy?, ¿seremos capaces cada uno de ser apóstoles de Jesucristo y de seguirle? ¿cómo podemos ser capaces cómo Iglesia de volver nuevamente nuestra mirada a Cristo? ¿seremos capaces de entender que Cristo es “camino que andar, verdad que creer, vida que vivir”?