Filosofía: Asombro y pensamiento crítico.

Prof. Mg © Ricardo Ramírez Basualdo.

Profesor de filosofía y religión Colegio Sagrada Familia.

La UNESCO en el año 2005 proclamó el Día Mundial de la Filosofía, que se celebrase el tercer jueves de noviembre de cada año, afirmando que “durante siglos, en todas las culturas, la filosofía ha dado a luz conceptos, ideas y análisis que han sentado las bases del pensamiento crítico, independiente y creativo”.

La filosofía tiene su origen en el asombro, que como toda pasión nos asalta, nos coge y se apodera de nosotros. Nos permite admirarnos y sorprendernos de la realidad que nos rodea, nos lleva a hacernos las preguntas más trascendentales sobre el mundo y la vida. El filósofo chileno Jorge Rivera decía además que la capacidad de asombro era como una especie de vértigo, como una “perdida de esa seguridad que nos da habitualmente la luz al redescubrir para nosotros el ambiente que nos rodea”. Cuando nos asalta el asombro de aquello que parece cotidiano e insignificante el piso se nos mueve y nos desestabilizamos. Esta capacidad de asombrarnos es como decía Aristóteles por el cual “empezaron antaño y todavía hoy comienzan los hombres a filosofar”. Es así como la filosofía nace y renace cada día en cada ser humano.

La filosofía, más que aquella disciplina que debiese saber qué hacer, es en sí misma un problema, y no uno pequeño, sino que es el gran problema de no saber qué hacer. La filosofía, como disciplina, da sus primeros pasos en Mileto, con los filósofos en oposición a los sofistas, a aquellos que cobraban por enseñar y se atribuían el título de maestros por poseer, según ellos, todo el conocimiento y la verdad.  Pero la filosofía no es, necesariamente, poseer la verdad sino ir en su búsqueda, es un ir de camino constantemente hacia el conocimiento. Es por ello, a mi parecer, que, a diferencia de otras tantas disciplinas es insegura, ha tenido siempre que argumentar su propia existencia como tal. Carlos Peña la denomina como “hipocondriaca”, porque está “preocupada una y otra vez de palparse a sí misa para, de esa forma, cerciorarse de su propia fortaleza y saber si vale o no la pena”.

Hoy, que vivimos en una sociedad de lo útil, nos preguntamos si la filosofía es útil o no, si sirve para algo y para qué sirve. Heidegger decía que lo útil es aquello que nos rodea en lo cotidiano, que tiene un propósito para servir. Pero este mismo filósofo alemán afirmaba que “lo más útil es lo inútil. Porque “dar cuenta de lo inútil es lo más difícil para el ser humano contemporáneo”. Aunque dentro de todo, lo que nos hace seres humanos es la capacidad de pensar, en ello está el asombrarse, admirarse y cuestionarse. Pero, hoy la filosofía tiene una tarea muy esencial que es la de desarrollar el pensamiento crítico, lo cual nos permite ponernos a favor o en contra de algo, que nos induce a preferir una cosa en vez de otra, pero con argumentos. Porque criticar es “poner en crisis, es descubrir las fisuras, las fallas de lo que intenta hacerse pasar por monolítico; es poner en duda la definitividad de lo que está delante, es atreverse a imaginarlo de otra; es subvertirlo con el no de la inconformidad” (De la Borbolla, 2019).