María: Reina de la Paz y la Justicia.

Prof. Mg © Ricardo Ramírez Basualdo.

Profesor de filosofía y religión Colegio Sagrada Familia.

Nuestra patria ha vivido y vive días difíciles, se ha perdido la tan anhelada paz en las ciudades y pueblos, producto de la falta de justicia que se ha acumulado por años en la sociedad chilena. La Conferencia Episcopal ha llamado a consagrar nuestro país a María este 08 de diciembre. Reconociendo la vocación mariana que nuestro país tiene a lo largo de su historia. Lo cual queda demostrado en cada hogar, cada ciudad y cada fiesta en la que se colman los santuarios dedicados a María. En estos momentos difíciles, es a María a quien debemos coronar como la Reina de la Justicia y de la Paz. Pues ella, está íntimamente vinculada a la vida de su Hijo, María antes que todo es la Madre de Dios. Por ello, está íntimamente asociada a la obra de la Salvación, por lo que su intercesión es eficaz ante el Padre, pues goza plenamente de su presencia.

Esta consagración la hacemos con especial motivo, junto con ser la fiesta de la Inmaculada Concepción, es la segunda semana de adviento, momento en que estamos con el corazón esperanzado en la venida de aquel que nos trae la paz: Jesucristo. Por ello Benedicto XVI nos indicaba que María “es una Reina que da todo lo que posee compartiendo, sobre todo, la vida y el amor de Cristo” (2012).

Pidámosle a María, que nos haga ser constructores de verdadera justicia en nuestras familias, trabajos y comunidades para lograr, ayudados por la gracia de Dios, una verdadera paz.  Por todo ello, este ocho de diciembre, pidámosle a nuestra Madre, desde lo más profundo de nuestro corazón: “Hoy te confiamos lo que somos y tenemos: nuestros hogares, escuelas y oficinas; nuestras fábricas, estadios y rutas; el campo, las pampas, las minas y el mar. Protégenos de terremotos y guerras, sálvanos de la discordia; asiste a nuestros gobernantes; concede tu amparo a nuestros hombres de armas; enséñanos a conquistar el verdadero progreso, que es construir una gran nación de hermanos donde cada uno tenga pan, respeto y alegría” (Oración por Chile, extracto).