Observando el Eclipse

Prof. Paulina Krippel.
Profesor de Física Colegio Sagrada Familia.

Prof.  Ricardo Ramírez Basualdo.
Profesor de Filosofía y Religión Colegio Sagrada Familia.

Nuestro país, el próximo martes 02 de julio será el centro de atención de un fenómeno astronómico a nivel mundial: un eclipse de sol. Si bien, ese día, necesitaremos lentes especiales para observar el eclipse, podemos observarlo desde la física, historia, filosofía e, incluso, desde la fe. Puesto que los eclipses han traído consigo muchos enigmas, están marcados por el misterio e historias; están marcados por una especie de “magia”, que trae un momento especial de asombro.

Podemos observarlo desde la física, para entender que durante el día es complejo para los astrónomos observar lo que sucede detrás del sol, puesto que este genera mucha luz saturando los instrumentos de observación. Pero, el tamaño de la luna y la distancia a la que está de nuestro planeta hace que desde la Tierra se vea del mismo tamaño que el sol, logrando, en el eclipse solar, cubrirlo en su totalidad, bloqueando la luz y permitiendo observar detrás del sol.

Hace 104 años Einstein fue testigo del mismo fenómeno que veremos el próximo dos de julio. La luna se cruzará justo frente al sol, logrando cubrirlo en un 100%, fenómeno que, en su tiempo, le permitió demostrar que no estaba equivocado con respecto a la curvatura del espacio. Einstein logró observar el comportamiento de estrellas que rodeaban la corona solar (circulo de luz que genera un eclipse).

En un eclipse como éste se observa un anillo perfecto, debido a que el espacio y la luz se curvan alrededor del sol.  “Podemos pensar que el espacio es como una gran sábana flexible y cuando uno ubica estos objetos sobre él, estos lo cambian hundiéndolo. Y ese hundimiento es el que genera todos los efectos gravitacionales que conocemos. Así se generan caminos conocidos como órbitas, las cuales se pueden predecir a través de la geometría del espacio” (Vásquez, 2019). Así como Einstein logró demostrar su teoría de la curvatura del espacio observando el sol, los astrónomos del mundo tienen los ojos puestos en el eclipse del dos de julio, para lograr develar más teorías y misterios del universo.

Podemos observarlo desde la filosofía, porque el primero en predecir un eclipse, fue el que es considerado como el primer filósofo: Tales de Mileto. Quien en 582 a. C. mientras batallaban los medos con los lidios, habría predicho un eclipse de sol para el 28 de mayo de aquel año. Al parecer por conocer algunos aspectos de la ciencia de Babilonia. Y, al haberse cumplido el eclipse, ambos bandos se asustaron y firmaron la paz.  También se puede leer que años después, Aristóteles ya entendía “que el eclipse de Luna se produce cuando la Luna se “mete” en el cono de sombra de la Tierra y el de Sol ocurre cuando la Luna se interpone entre nosotros y el sol” (Maza, 2019)

Podemos observarlo desde la historia, porque en el cuarto viaje que hizo Colón a las Indias (1504), se aprovecha que conocía la fecha del próximo eclipse lunar y del temor que tenían los nativos al Dios católico, para decirles que “el Dios de los católicos, los había enviado y estaba muy enojado por la poca hospitalidad que les habían brindado y que por ello les haría desaparecer la Luna, como una señal de advertencia” (Meza, 2019). Fue así, que por el miedo de los nativos a perder la luna para siempre, entregaron la ayuda que les habían solicitado.

Podemos observarlo desde la fe, apreciando que nada en el universo está puesto al azar o por mera casualidad. El orden del cosmos y el funcionamiento del universo tiene un orden establecido y no podemos dejar de preguntarnos qué hay detrás de todo ello. Pregunta que el hombre se ha hecho desde que es hombre y se ha asombrado frente a la naturaleza y el cosmos. Benedicto XVI, con ocasión de un encuentro de astrónomos, el año 2011, les expresó su gratitud y les recordó que “en la belleza del mundo, en su misterio, en su grandeza y en su racionalidad no podemos no leer la racionalidad eterna, y no podemos hacer menos que dejarnos guiar por ella hasta el único Dios, creador del cielo y de la tierra”. (Benedicto XVI, 2011)

Finalmente, cuando observemos este hecho natural, quizás con el salmista, sería bueno preguntarnos y reflexionar: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder?” (Sal 8, 4-5).