Santidad de Jeans y Zapatillas

Prof. Mg Ricardo Ramírez Basualdo
Profesor de Filosofía y Religión Colegio Sagrada Familia

Cuando se nos dice que estamos llamados a ser santos,  se nos viene a la mente la imagen de una monja o un sacerdote viejito, con una aureola, con las manos en posición de oración y bien calladito. Lo cierto es que no es así, no es necesario ser ni sacerdote, ni religioso, ni Papa para ser santo. “El corazón de la Iglesia también está lleno de jóvenes santos, que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio” (Christus Vivit, 49). A lo largo de la historia de la Iglesia, podemos observar muchos jóvenes que han sido verdaderos profetas de cambio, que a lo largo de su vida han mostrado que es posible en la vida cotidiana el encuentro con Cristo. Hoy parece más difícil lograr la santidad, pero nos olvidamos de que los santos de la Iglesia vivieron momentos difíciles y fueron pecadores, pero supieron escuchar el llamado a ser testigos de Jesús, viviendo con amor y ofreciendo su propio testimonio en el día a día. Hoy más que nunca se necesitan jóvenes que chateen, que vean Youtube, que tengan Instagram, pero que no pierdan el llamado del Señor en su vida.

Para que vean que sí se puede ser santo siendo joven, les presento a uno que nació en 1991 en Londres, que luego se fue con su familia a Italia. Él era un joven normal, fue al colegio, ocupó computadores, celular, vistió de jeans y zapatillas. Tenía un gran talento en la informática, creaba sitios web y le encantaba jugar Play Station con sus amigos. El internet era una de sus pasiones, pero su otra pasión era Dios, por ello en internet difundió su amor por la Eucaristía. También le gustaba pasar tiempo con su familia y amigos. Ayudaba siempre a los pobres y más necesitados en sus ratos libres, así como también le gustaba sacar fotos, nadar y hacer videos. En definitiva, como su propia mamá lo dice: “no tienes que mirar a Carlo como alguien perfecto. Era un niño muy conectado a tierra. Era un hijo de su tiempo”.  Hasta que, en el 2006, cuando tenía 15 años, enferma gravemente de leucemia y entrega su dolor hasta la muerte por el Papa y por la Iglesia. Para él la Eucaristía era su “autopista al cielo”, así vivió su vida como un joven normal, pero amando la Eucaristía y rezando el rosario todos los días. Dejó huella en la vida de los demás y en toda la Iglesia, porque fue capaz de hacer extraordinario, lo ordinario y lo cotidiano de la vida de un joven. Es por ello por lo que el sábado 10 de octubre será declarado beato de la Iglesia.

El Papa Francisco ya lo había propuesto como ejemplo para los jóvenes que desean seguir a Jesús, porque  “él fue capaz de usar las nuevas técnicas de comunicación para transmitir el Evangelio, para comunicar valores y belleza” (Christus vivit, 15). El internet nos puede aturdir, pero Carlo Acuti no cayó en la trampa, hizo brotar todos los dones que Dios le entregó, de ahí que manifestara que  “todos nacen como originales, pero muchos mueren como fotocopias”. ¡No permitamos que ello nos ocurra!  El camino a la santidad nos hace ser originales,  nos hace ser nosotros mismos. “Para eso necesitas reconocer algo fundamental: ser joven no es solo la búsqueda de placeres pasajeros y de éxitos superficiales” (Christus Vivit, 107). La juventud debe ser un tiempo de entrega generosa, de sacrificios que nos acerquen a Dios. Hoy, más que nunca, necesitamos de santos de jeans y zapatillas, que vean YouTube, que usen Instagram y escuchen Spotify, como aquel joven ciber apóstol de la Eucaristía, que supo utilizar la tecnología para mostrar a Dios a los demás, y supo darse cuenta de que “la tristeza está en mirarse así mismo, la felicidad está en volcar nuestra mirada a Dios”. Y tú ¿te atreves a emprender el camino?